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El obispo de la diócesis designa la Basílica del Lledó, como Templo Jubilar en el Año de la Misericordia.

  El obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón Mons Casimiro López Llorente, ha designado la Basílica de Nuestra Señora del Lledó como Templo Jubilar donde poder lucrar las Indulgencias en determinados día de este Año de la Misericordia.

Dispone textualmente el Obispo diocesano en su Decreto del pasado 22 de enero, que pueda ganarse la Indulgencia Plenaria en el Jubileo de la Misericordia, en las condiciones acostumbradas, en la Basílica-Santuario de Santa María del Lledó en Castellón de la Plana los días del Solemne Triduo (28, 29 y 30 de abril), el día de la Fiesta Mayor (1 de mayo), el resto de los días del mes de mayo así como en las siguientes fiestas: Presentación del Señor, (2 de febrero), la Anunciación del Señor (4 de abril), la Asunción de la Virgen (15 de agosto) y de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, todos del presente año.

Fiestas Lledo 2015 (21) Centro Asturiano en Lledo Sep 2015-7546 Centro Asturiano en Lledo Sep 2015-7558 Centro Asturiano en Lledo Sep 2015-7616

LAS INDULGENCIAS

El Catecismo de la Iglesia Católica nos proporciona una definición precisa: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” (Catecismo, 1471).

La definición, exacta y densa, relaciona tres realidades: la remisión o el perdón, el pecado, y la Iglesia. La indulgencia consiste en una forma de perdón que el fiel obtiene en relación con sus pecados por la mediación de la Iglesia.

¿Qué es lo que se perdona con la indulgencia? No se perdonan los pecados, ya que el medio ordinario mediante el cual el fiel recibe de Dios el perdón de sus pecados es el sacramento de la penitencia (cf Catecismo, 1486). Pero, según la doctrina católica, el pecado entraña una doble consecuencia: lleva consigo una “pena eterna” y una “pena temporal”. ¿Qué es la pena eterna? Es la privación de la comunión con Dios. El que peca mortalmente pierde la amistad con Dios, privándose, si no se arrepiente y acude al sacramento de la penitencia, de la unión con Él para siempre.

Pero aunque el perdón del pecado por el sacramento de la Penitencia entraña la remisión de la pena eterna, subsiste aún la llamada “pena temporal”. La pena temporal es el sufrimiento que comporta la purificación del desorden introducido en el hombre por el pecado. Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida.

Podemos poner una comparación. Imaginemos una intervención quirúrgica: un trasplante de corazón, por ejemplo. El nuevo corazón salva la vida del paciente. Se ve así liberado el enfermo de una muerte segura. Pero, cuando ya la operación ha concluido exitosamente, e incluso cuando está ya fuera de peligro, subsiste la necesidad de una total recuperación. Es preciso sanar las heridas que el mal funcionamiento del corazón anterior y la misma intervención han causado en el organismo.

Pues de igual modo, el pecador que ha sido perdonado de sus culpas, aunque está salvado; es decir, liberado de la pena eterna merecida por sus pecados, tiene aún que reestablecerse por completo, sanando las consecuencias del pecado; es decir, purificando las penas temporales merecidas por él.

La indulgencia es como un indulto, un perdón gratuito, de estas penas temporales. Es como si, tras la intervención quirúrgica y el trasplante del nuevo corazón, se cerrasen de pronto todas las heridas y el paciente se recuperase de una manera rápida y sencilla, ayudado por el cariño de quienes lo cuidan, la atención esmerada que recibe y la eficacia curativa de las medicinas.

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