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El Prior de Lledó, pregonero del XXV Pregón Diocesano de Semana Santa.

El Prior de la Basílica de Ntra. Sra. del Lledó, mossén Josep Miquel Francés fue el encargado de pronunciar el XXV Pregón Diocesano de la Semana Santa. Cada año, la Junta Diocesana de Asociaciones, Cofradías y Hermandades de Semana Santa de la Diócesis de Segorbe-Castellón decide que Cofradía organiza el Pregón, y la ciudad de celebración de la Procesión Diocesana.

En este 2015, la ciudad escogida para ambas celebraciones fue la propia capital de la provincia y ciudad episcopal Castellón, organizado por la cofradía de Paz y Caridad, con sede en la parroquia de la Santísima Trinidad.

Esta histórica parroquia, erigida por el Prior de Lledó y arcipreste Mossén Juan Cardona Vives, fue el lugar donde se celebró el pasado sábado 21 de febrero el Pregón Diocesano, que este año alcanzaba su XXV edición. La Cofradía nombró para el cargo de pregonero, al prior de la Basílica de la patrona de la ciudad.

Acudió al acto una amplia representación de las cofradías y hermandades de Semana Santa de toda la diócesis, desde Segorbe hasta Benicassím, además de Vall de Uxó, Burriana, Villarreal, Villavieja, Bechi, Onda o Alcora entre otras muchas poblaciones.

La presidencia del Obispo de la diócesis.

El acto fue presidido por el obispo de la Diócesis Mons Casimiro López Llorente, junto a mossén Federico Caudé, consiliario diocesano, don Rafael Manzaneque, cura párroco de la Trinidad, el coordinador de la Junta diocesana, la presidenta de la Cofradía de Paz y Caridad y la Hermana Mayor 2015 de esta misma Cofradía, doña Marta Gallén, vice- alcaldesa de Castellón.

En el transcurso del acto actuó con diversos motetes sacros la Orquesta Lírica de Castellón.

 

El Pregón del Prior del Lledó

El pregón fue largo y denso de contenido, dividido en cinco momentos o “estampas”. Les ofrecemos tan solo la parte última del mismo, donde se hace referencia de manera explícita a la Semana Santa Castellonense.

 

  1. Estampa. Jesucristo en su Pasión y su Muerte.

Hay dos calles en Castellón que recuerdan la Pasión del Señor. Una de ellas, la calle Calvario. Está próxima a la Plaza de la Farola, junto a la calle Zaragoza. Nos evoca y recuerda que allí, en esta zona estaba el calvario de Castellón, donde se celebraba el Via Crucis, donde se levantaba, en la actual plaza de Tetuán, la capilla del Calvario.

Y hay otra calle, de las más antiguas de la ciudad. Es un callejón muy estrecho. Comunicaba y comunica la calle Mayor con la calle Arcipreste Balaguer. Es el callejón del Ecce-Homo. Apenas pasa nadie por el. Porque la gente vamos muy deprisa y mucha gente que pasa a diario por su cercanía, ni siquiera lo ha descubierto. Forma un ángulo recto. Por cierto, que en aquel callejón asesinaron hace muchos años a mossén Tort, un sacerdote que iba a Santa María. El obispo de Tortosa, hasta que no saliese el culpable, cerró al culto la iglesia mayor y las iglesias de los conventos, dejando tan sólo abierto el santuario de la Mare de Déu del Lledó.

Pues en la intercesión del callejón del Ecce-Homo, dos capillas de cerámica nos muestran a Cristo sufriente y a su madre. Hay dos oraciones en la pared. En la del Cristo pone: “Cristiano si tienes fe, detente y mira mis llagas y veras cuan mal pagas la sangre que derramé”.

 

Cristo siempre sale a nuestro encuentro. En cualquier momento, en cualquier circunstancia. Lo hemos visto. También nos lanza su palabra de amor, incluso desde la pared de este callejón, en pleno corazón de la ciudad.

Que estampa más bella. Pero que estampas más bellas las de Cristo en su Pasión. Vayamos a Getsemaní, para contemplar a Jesús en la Oración del Huerto, la bella escultura del antiguo Gremio de Industriales de la Cofradía de la Purísima Sangre. Es obra del escultor e Hijo Predilecto de la Ciudad Juan Bautista Porcar Ripollés. “Me muero de tristeza”. No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación. Padre, si es posible que pase de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Explicad a los cofrades más jóvenes, porque esta bella escultura de la Oración del Huerto de Castellón, lleva un pequeño ángel con un cáliz en la mano, entre las ramas de ampuloso olivo.

Sigamos acompañando a Cristo en los “pasos” de aquel primer Viernes Santo. Descubramos a Cristo detenido, maniatado, preso… en esa imagen del Cristo de Medinaceli, tan vinculada a los capuchinos. Ese Cristo sereno, con la dignidad del que sufre unido a Jesús El Cristo atado, hecho esclavo por nosotros. Esa imagen del Cristo de Medinaceli, que mañana por la mañana bajará en procesión de penitencia hasta la Basílica del Lledó, para que las Cofradías penitenciales de la ciudad comencemos la Cuaresma junto al Hijo y junto a la Madre:

 

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

O esa otra imagen, también tan capuchina, del Cristo llevando la Cruz a cuestas camino del Calvario, de la antigua iglesia de San Miguel, de la calle de Enmedio, ahora de la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco. Como oveja llevada al matadero, como dice el profeta Isaías. El cargó con nuestros pecados y con nuestro sufrimiento.

Fijemos por ultimo nuestra mirada sobre la imagen de Cristo Crucificado, de la Cofradía de Paz y Caridad. ¡Padre, porqué me has abandonado¡. Es el grito de quien sufre, de quien se siente solo, de quien experimenta que el dolor y la muerte parecen vencerle. Impresiona el aparente abandono de Cristo en la Cruz. Pero Cristo muere después de confiarse a su Padre del Cielo. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

 

  1. Estampa. La Madre. La Madre Dolorosa. La Soledad.

La quinta y última estampa. Hay tres imágenes de María, que desfilando por las calles de nuestra ciudad el Viernes Santo, la llenan de ternura y de amor callado y silencioso. Una de ellas es la Dolorosa bajo su impresionante palio diseñado al estilo sevillano por el arquitecto don Vicente Traver. La Virgen Dolorosa es obra del escultor Adsuara, el mismo que salvó providencialmente en 1936, tanto la imagen de la patrona de su Basílica, la Mare de Déu del Lledó, como la imagen del Cristo Yacente de la Purísima Sangre.

El relato que hace el mismo escultor, en un documento que curiosamente localicé entre los fondos de Castellón de la Universidad de Navarra, en Pamplona, son realmente dramáticos.

Adsuara esculpió esta impresionante imagen de la Dolorosa en Madrid en 1942. El año anterior había esculpido, también por encargo de la Cofradía de la Sangre el Cristo Crucificado, para recibir a la Romería de la Magdalena, la noche de la fundación de la Ciudad. Y la otra imagen de María, la Soledad, del antiguo Gremio de Labradores. Ante ellas desgranamos aquella misma oración que encontraremos en el callejón del Ecce-Homo: “Madre triste y desolada, mártir al pie de la cruz. Ante tu Hijo Jesús, se siempre nuestra abogada.

Pero hay una tercera imagen de Maria, especial en nuestra procesión del Viernes Santo. Y es la Piedad. Es obra de un sacerdote jesuita de Villarreal, Pedro Gil. Es muy bella. La encargó la Cofradía que hoy nos acoge. La Cofradía de la Paz y Caridad. ¡Que nombres mas sonoros!. Cuantas cosas nos evocan. Cristo es nuestra paz. Deus Caritas est. Dios es amor. Dice Emilio Calduch que su nombre es Cofradía de Paz y Caridad de los Ajusticiados, que es una cofradía de gran importancia histórica, pues sus componentes, afirma, gozaban de privilegios en el derecho civil y criminal antiguo. Porque?. Porque la misión de esta cofradía era eminentemente benefactora, prestando fraternal asistencia a los condenados a muerte cuando estaban “en capilla”, la noche antes de ser ajusticiados.

También se afirma que los miembros de esta cofradía asistían al entierro y sepultura de los ajusticiados, velando sus cadáveres mientras se encontrasen de cuerpo presente.

Siempre la caridad presente en nuestras cofradías, o en nuestra fiesta de la Magdalena. Es el signo, la señal de nuestra condición de cristianos. Y como signo de la paz y caridad que proviene de Cristo, y se derrama a través de su Madre, María y de nosotros…. esa imagen piadosa de Maria con el cuerpo de su Hijo Jesús, muerto en su regazo.

La cruz se ablanda para convertirse en lecho. Después se convirtió en fuente. La secuencia última del descendimiento es muy piadosa, sobre todo cuando el Hijo fue devuelto a los brazos de la madre. La Pietá. María iría besando las llagas de su Hijo con un amor intenso de comunión. La Madre tendrá que dejar que su Hijo sea entregado a la tierra, también madre.

¿Como podrá llenar ahora su regazo vacío?. Y piensa en Juan, el discípulo creyente y piensa en todos los discípulos creyentes. A todos tendrá que acoger y cobijar. Serán innumerables, como las estrellas. María nos dio a luz en un parto muy doloroso.

La Pascua. El triunfo del amor. Resurrexit

Se entierra al amor y el amor es más fuerte que la muerte. Se ha enterrado una semilla y apunta la Primavera. El reino de la muerte ya no es absoluto. Y todo estará tocado, amenazado de resurrección.

Crucificaron al Ungido, la belleza de la creación. En la cruz querían acabar con la Vida a martillazos, pero fue como si rompieran un precioso frasco de perfume, y el mundo se lleno de buen olor.

Era como si trituraran una hermosa semilla, y cada partícula dio origen a una vida multiplicada. Era como si machacaran una flor, y de ella brotó un rosal inmenso. Era como si eclipsaran el sol, y el cielo se tachonó de estrellas. Moría la Vida y la muerte resucitaba. Mataban al amor, y el mundo se llenó de corazones.

Salve o Cruz, nuestra única esperanza. El mundo gira y se conmueve, tú permaneces. El mundo se cansa y se vacía, tu lo alivias y lo regalas. Tú abres para todos las fuentes inagotables de la gracia. Salve, Cruz, signo del amor más grande, bandera de salvación, nuestra esperanza.

 

Feliz Pascua

                              Mossén Josep Miquel Francés

                               Prior del Lledó

             Basílica de la Mare de Déu del Lledó, febrero 2015

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