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Fiesta de Sant Antoni Abad en Lledó

Sant Antoni es una de las fiestas de invierno más populares de todas las comarcas castellonenses. San Antonio  o San Antón (Egipto, 251 – 356) fue un monje cristiano, fundador del movimiento eremítico. El relato de su vida, transmitido principalmente por la obra de San Atanasio, presenta la figura de un hombre que crece en santidad y lo convierte en modelo de piedad cristiana. El relato de su vida tiene elementos históricos y otros de carácter legendario; se sabe que abandonó sus bienes para llevar una existencia de ermitaño y que atendía a varias comunidades monacales en Egipto. Recibe el nombre de Abad al ser Abbas-Padre de estas comunidades y fundador de la vida eremítica. Se dice que alcanzó los 105 años de edad.

La fiesta, celebrada desde antiguo en la Basílica del Lledó y que esta año se ha celebrado el 14 de enero, comenzó con una Misa Solemne oficiada por el Prior mossén Josep Miquel Francés y cantada en gregoriano por la “Schola Jubilemus”. A la Eucaristía asistió una representación de la Junta de Gobierno de la Real Cofradía de Nuestra Señora del Lledó.

Se encontraba expuesta en el altar mayor la imagen del santo, así como un relicario con su reliquia. Tras la caída de Constantinopla donde se veneraba su sepulcro, las reliquias fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. La devoción por este santo llegó a tierras valencianas, difundida por el obispo de Tortosa a principios del siglo XIV.

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Bendición de la coqueta del “Forn de Miravete”

La bendición y reparto de la “coqueta de Sant Antoni” o “pan bendito”, es una de las tradiciones de esta fiesta. En Lledó es un obsequio del “Forn de Miravete” de la calle de San Roque de la capital, en el recuerdo de quien su propietario y gran lledonero Angel Miravete. Al concluir la Eucaristía el prior bendijo “les coquetes” dispuestas frente el altar.

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Bendición de los animales

 ​En la iconografía popular se le representa con un cerdo  a sus pies. El cerdo continúa siendo para todo el Oriente un animal impuro. Tanto musulmanes como judíos no comen su carne, ni lo crían.  Para las primeras comunidades cristianas orientales, el demonio se hacía presente en estos animales, y San Antonio sufrió numerosas tentaciones del maligno, que venció con la ayuda de Dios.

En las pinturas e imágenes, al cerdo pronto le acompañaron otros animales domésticos, convirtiéndose en su protector. Por eso en su fiesta se bendicen animales.

El prior bendijo a los animales en la puerta de la Basílica, mientras sus propietarios y los participantes, recibían de manos de la familia Miravete la coqueta del santo.

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