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Homilía de la Solemne Eucaristía de Acción de Gracias, en los 250 años de la bendición e inauguración del Santuario de la Mare de Déu del Lledó. Espectacular y rompedor adorno floral de la empresa Serviflor de Castellón

El papa Francisco proclamó el pasado año un Año Jubilar de la Misericordia. Lo estamos celebrando. Es este año 2016. Comenzó en la fiesta de la Inmaculada Concepción del pasado año, casi al final del año litúrgico y finalizará dentro de pocas semanas, en la Solemnidad de Cristo Rey, a finales de Noviembre.

El obispo de la diócesis abría solemnemente la puerta de la basílica del Lledó, como Puerta Santa, el primer día del Triduo de las pasadas fiestas de la Virgen, en el mes de Mayo y declaraba Lledó como Templo Jubilar, donde podían y pueden lucrarse las indulgencias y el perdón del Año de la Misericordia. No en vano, los templos con dignidad de basílica en todo el mundo, tienen una especialísima vinculación con la Iglesia de Roma y con el Papa. Todo ello cuando se cumplen 250 años de la bendición e inauguración de este templo, de este santuario patronal de Castellón.

¿Qué es la Misericordia? Porque Lledó es templo jubilar donde aprendemos a ser misericordiosos, como nuestro padre del cielo es misericordioso? Porque desde Lledó podemos encontrar y derramar misericordia?. El fundamento es Jesucristo, el Hijo de la Virgen María.

La Bula “Misericordie Vultus”, en la cual el papa proclamaba este Año Jubilar, comenzaba de este modo tan explícito y significativo: Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret.

Jesucristo, siempre Jesucristo, el Hijo de la Virgen María, nuestra Señora.

Hay un déficit grave y dramático de misericordia en nuestro mundo actual. Miserere-cors. Cors, el corazón, miserere, la compasión, la ternura, la acogida, el perdón. Con todo el corazón. Eso es la misericordia.

Seguía diciendo el Santo Padre: “Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre, no obstante el límite de nuestro pecado”.

La liturgia de este domingo nos habla toda ella de Misericordia, de acogida. Las parábolas de la misericordia que hemos escuchado en el Evangelio nos hablan de Dios como Padre, y también como Madre que acoge, que busca, que perdona, que recupera lo que estaba perdido y que restaura en la dignidad perdida.

¡ Que maravilla!. ¡Que belleza nuestra fe católica, nuestra condición de católicos!. Dios, padre de todos, no margina a nadie, sino que se alegra de recuperar y salvar a la persona, a tantos hombres y mujeres perdidos en la soledad de sus desvaríos… restaurándolos en su dignidad. Eso es misericordia, que hemos de aprender y practicar tu y yo.

Y todo eso como podemos vivirlo como lledoneros, como castelloneros, como devotos de la Virgen Santa María del Lledó?. Como podemos ser misericordiosos o alcanzar nosotros misericordia, aquí, desde aquí, desde este lugar sagrado de Lledó, desde este templo, la casa de la Madre?

 

El Año de la Misericordia, los 250 años de la bendición e inauguración de este santuario del Lledó.

El pasado 21 de enero, se celebró en Roma el Jubileo de los Rectores de Santuarios de todo el mundo. Allí tuvimos varios encuentros entre nosotros en San Juan de Letrán, y después de cruzar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, nos encontramos con el Santo Padre.

El papa Francisco nos abrió de nuevo caminos para la evangelización en los santuarios, desde los santuarios. “Visitar un santuario es una de las expresiones más elocuentes de la fe del pueblo de Dios, y manifiesta la piedad de generaciones de personas, que con sencillez han creído y se han encomendado a la intercesión de la Virgen María y de los Santos. Esta religiosidad popular es una forma genuina de evangelización, que necesita ser siempre promovida y valorada, sin minimizar su importancia.

Este Santuario, este templo de Lledó cumple ahora 250 años. Pero Lledó no. Dios quiso hacerse presente en este lugar sagrado, a través de su rostro materno, su madre, desde hace ya muchos siglos. Dios quiso recomenzar su historia de amor con estas tierras de La Plana aquí en este lugar y continuarla de generación en generación. Porque su amor, su misericordia, como proclamó la Virgen en el Magnificat, y como hemos escuchado, se extiende de generación en generación.

Por eso Lluis Revest, con intuición escribió en 1916, ahora hace cien años: “Del vostre amor un cantar, es tota la nostra história. Castelló ha begut sa gloria, ací als peus del vostre altar. I es la vostra protecció, de sa grandesa, penyora”

Las palabras del Papa :”La piedad y la fe de generaciones de personas, que con sencillez se han encomendado a la protección de la Virgen María. “

Eso es Lledó, mas allá de la dignidad de la arquitectura de este templo, que la tiene. Mas allá del cuidado que todos los Priores y las Instituciones le han procurado durante siglos dotándolo de arte, de patrimonio. Mas allá de las bellas decoraciones florales y de la exquisitez y cuidado de la liturgia. Mas allá de las visitas turísticas. Mas allá incluso de las manifestaciones externas y puntuales de sentimientos, en determinados momentos de las fiestas. Lledó es mucho mas. Porque en Lledó se ensancha el alma.

El papa nos dijo algo muy cierto que se descubre en Lledó diariamente:” En realidad, quien entra en un santuario lleva consigo la propia historia, la propia fe, luces y sombras de la propia vida. Cada uno lleva en el corazón un deseo especial y una oración particular. Quien entra en el santuario se siente enseguida en casa, acogido, comprendido y sostenido”

Por eso, lo que ocurre cada día en Lledó escapa siempre a la percepción de los superficiales y los anecdóticos. Escapa a la percepción de los que tan solo vienen a Lledó cuando se celebran eventos, fiestas o manifestaciones externas.

Centenares de personas silenciosamente visitan cada día este templo, y llegan desde la mañana a la noche, unas veces como con un goteo incesante y otras como rio imparable. Cuantas oraciones se habrán desgranado bajo estas bóvedas y entre estos muros durante siglos?.

 

Vuelvo a las palabras del Papa a los Rectores de Santuarios: “Los ojos fijos en el Crucifijo o en la imagen de la Virgen, una oración hecha con las lágrimas en los ojos, llena de confianza. El santuario es realmente un espacio privilegiado para encontrar al Señor y tocar con la mano su misericordia. Confesarse en un santuario, es experimentar, tocar con la mano la misericordia de Dios”.

¡Increible!. Precioso!. Acertado. Porque eso ha sido durante siglos y es Lledó. Ese es el auténtico Lledó. Para eso se construyó este y los otros tres santuarios que le precedieron. El de la oración en silencio, el de la luz prendida como queriendo continuar la oración cuando uno se va, el del ramo de flores sencillo o la plantita para los pies de la virgen, el de los niños recién nacidos que desde la clínica o el hospital donde han nacido son traídos a Lledó para mostrárselos a la Virgen antes de ir a casa; el de la oración en medio de lágrimas ante una operación difícil, una enfermedad que nos oprime el alma, ante la pérdida de un ser querido. Son ya mas de tres mil las peticiones o las acciones de gracias que se vienen presentando desde hace dos años, cada domingo ante la Virgen. En varios idiomas, de gente mayor, de familias, de jóvenes, de gente de Castelló y de tanta gente de otras poblaciones de La Plana o de “altres llochs stranys” como ya afirmaban los documentos de hace seiscientos años.

Y acaba diciendo el Papa: “Por esto la palabra clave que deseo subrayar hoy con vosotros es acogida: acoger a los visitantes de los santurios. Con la acogida, por así decir, “nos lo jugamos todo”. Una acogida afectuosa, festiva, cordial y paciente. ¡También es necesaria paciencia! – La que ha de tener el prior sobre todo en las fiestas y en la bodas –

La acogida es realmente determinante para la evangelización. A veces, basta simplemente una palabra, una sonrisa, para hacer que una persona se sienta acogida y querida. El visitante que llega al santuario a menudo está cansado por las cosas de la vida… Y muchas veces esta condición física afecta también a la interior. Por eso, esta persona necesita ser bien acogida tanto en el plano material como en el espiritual.

Es importante que el visitante que cruza el umbral del santuario se sienta tratado más que como un huésped, como un familiar. Debe sentirse en su casa, esperado, amado y mirado con ojos de misericordia. Sea quien sea, joven o anciano, rico o pobre, enfermo y probado o turista curioso, puede encontrar la acogida requerida, porque en cada uno está el corazón que busca a Dios, a veces sin darse cuenta plenamente.

Un mensaje que iba especialmente dirigido a los sacerdotes, pero también nos afecta a cuantos servimos el Santuario de Lledó y de manera especial a los miembros de la Cofradía de la Virgen, que pueden realizarla y de hecho lo hacen, colaborando con el Prior en las iniciativas pastorales de la Basílica, como por ejemplo en los momentos cuando se cambia el manto de la Virgen en el Camarín y la gente se acerca respetuosa para besar la imagen, o en el Paso por el Manto que tendremos ahora mismo al finalizar la Misa.

Hagamos que cada visitante tenga la alegría de sentirse finalmente comprendido y amado. De esta manera, volviendo a casa sentirá nostalgia por lo que ha experimentado y tendrá el deseo de volver, pero sobre todo querrá continuar el camino de fe en su vida ordinaria.

Una acogida del todo particular es la que ofrecen los ministros del perdón de Dios. El santuario es la casa del perdón, donde cada uno se encuentra con la ternura del Padre que tiene misericordia de todos, sin excluir a nadie. Quien se acerca al confesionario lo hace porque está arrepentido, está arrepentido de su pecado. Siente la necesidad de acercarse allí. Percibe claramente que Dios no lo condena, sino que lo acoge y lo abraza, como el padre del hijo pródigo, para devolverle la dignidad filial. Los sacerdotes que desarrollan un ministerio en los santuarios deben tener el corazón impregnado de misericordia, su actitud debe ser la de un padre.

250 años de este santuario. 250 años de amor, de devoción, de filial confianza ante la imagen de Santa María del Lledó,

Ella que es “nuestra alegría, esperanza y consuelo”. Que ella como le cantamos en la Salve Regina, vuelva hacia nosotros esos sus ojos misericordiosos y que después de esta vida terrenal nos muestre a Jesús, fruto bendito de su vientre. A ella, la Lledonera, que es del poble de Castelló llum i auxiliadora. A ella, la Lledonera que es del Nostre amor, la Senyora.

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