Insignias de nuestra Basílica

Entre los privilegios que acompañan al título, los más visibles son la utilización del escudo pontificio en los documentos, sellos y distintivos, así como el uso de la umbela y campanil, aunque también existen otros relativos a indulgencias y culto. La primera referencia del uso de insignias basilicales se retrotrae a 1391, a la canonización de Santa Brígida, en que se narra que los canónigos de San Pedro salieron a recibir al Papa con cruz, la umbela y el tintinábulo. Estas insignias se extendieron a las colegiales insignes de Roma, y, de éstas, a las basílicas menores. Este uso fue ratificado en 1817 y 1836. Los decretos de 1968 y 1989 no mencionan ni umbela ni tintinábulo, por lo que se deduce, al no ser abolidos, que pueden seguir usándolos, aunque no sean ya prescritos.

Umbela basilical. Es una umbela semiabierta. En ella se usan los colores rojo y amarillo, que son los imperiales heredados del Senado Romano, y que fueron adoptados para la umbela como insignia del gobierno papal. Está semiabierto esperando al Pontífice, y solamente se abre del todo para recibir a éste. Está hecha se seda o damasco con doce franjas alternando ambos colores; de cada una pende un colgante del otro color, todo orlado en amarillo. La umbela se remata por un globo con una cruz, ambos de metal dorado, todo montado en una pértiga.

 

El campanil o “tintinábulo”. El tintinábulo es un ornamento procesional que acompaña a la umbela. Su origen parece que tenía una finalidad práctica, avisar de la procesión. Es una pequeña campana de metal, de unas cuatro pulgadas de alto, montada en un campanario, de sobre seis pies de largo, sobre un astil. El campanario es tradicionalmente un bastidor de madera o metal con el titular de la basílica pintado o grabado en una cara y el escudo en la otra. En el caso del Lledó, el campanil fue realizado en madera, imitando en sus formas la propia espadaña de la basílica. Del badajo de la campana pende una soga o cadena, que es accionada periódicamente, mientras discurren los cortejos basilicales.

 

Se acostumbra colocarlas permanentemente en la iglesia en un lugar visible, para que cumplan su misión: en el presbiterio, en el acceso a éste, a ambos lados, o cerca de la entrada.

Ambas insignias pueden ser llevadas en las procesiones. El portador del tintinábulo sigue a la cruz procesional y detrás de éste va el portador de la umbela. Como estas insignias no son emblemas litúrgicos, son asimilados a los estandartes y son, por ello, portados por laicos, preferentemente personas vinculadas a la basílica.

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