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La apertura dominical de la Basílica desborda la capacidad de Lledó

Un acuerdo de la Junta de Gobierno local del Ayuntamiento de Castellón del pasado jueves 21 de mayo, autorizó la apertura de la Basílica de la patrona de la ciudad después de casi setenta días de clausura.

Ese mismo jueves a las nueve de la mañana, mientras volteaban las campanas del templo y resonaba el canto de los Gozos y la Salve a través de la megafonía de la explanada, el prior procedió a la apertura de las puertas del templo. Poco después, con asistencia de cincuenta personas se celebró la primera misa presencial. Ese jueves se celebraba la fiesta litúrgica de la Ascensión del Señor a la Cielos.

La imagen de la Patrona lucía una señal de duelo

El domingo 24 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor y fiesta de María Auxiliadora, se celebró a la hora habitual la primera misa dominical en la Basílica. La imagen de la Virgen llevaba sobre su manto un pequeño lazo de color negro, como signo de duelo por la muerte de tantos hijos durante el tiempo de esta pandemia

La capacidad del templo durante esta primera fase de la desescalada era de ochenta personas. Desde casi una hora antes y en previsión de la reducida capacidad, algunas personas comenzaron a ocupar los asientos disponibles, que en poco tiempo quedaron cubiertos. Dos agentes de la policía municipal controlaron que se respetasen en todo momento las disposiciones de higiene y distanciamiento.

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Apertura de la puerta lateral del templo

A las once de la mañana el prior de Lledó mossén Josep Miquel Francés tenía previsto comenzar la celebración de la Misa, a la que asistieron el presidente de la Junta de Gobierno de la Real Cofradía, la presidenta de la Junta de Señoras Camareras y una representación de los miembros cofrades, junto al Clavario y al “Perot” de este año.

Sin embargo para entonces todavía quedaban más de treinta personas en la cola de la puerta, con la voluntad de acceder al interior. El prior, tras consultar con los agentes, abrió las puertas laterales de la Basílica, habitualmente cerradas, desde donde se divisa el altar mayor, concentrándose todos ellos en el jardín lateral.

Al finalizar la celebración se rezó la oración compuesta por el papa Francisco, para pedir la intercesión de la Virgen María ante la epidemia. Después con emoción renovada se cantó la Salve popular mientras arreciaban los vítores a la patrona, seguidos de un sonoro aplauso durante más de dos minutos.

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