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La Virgen del Lledó y las epidemias. Capítulo 15. La guerra del francés y epidemia de cólera morbo asiático

Por Josep Miquel Francés, prior de Lledó

Los franceses entraron en todos los pueblos de La Plana. Gracias a la influencia del nuevo gobernador puesto por las autoridades francesas, el santuario de Lledó no fue profanado y respetado hasta cierto punto. No hubo destrucciones, pero si saqueos. La antigua lámpara, adornada con las cabezas repujadas de los diez moros, y otras dos lámparas de plata del camarín, fueron presa de la insaciable voracidad de los franceses. Las joyas de la Virgen y otros objetos de uso litúrgico pudieron salvarse porque fueron escondidas prudentemente.

En 1809, huyendo de los franceses desde Zaragoza, se habían refugiado en la casa Prioral veintidós religiosas dominicas. Poco después, en la casa Prioral del Lledó se refugió también el padre maestro de los agustinos, el castellonense fray Manuel Gil, que aquí murió la noche del 7 al 8 de octubre de 1812. Otro que salió de Castellón, huyendo de los franceses fue el obispo Salinas. Con la marcha de los “gabachos” regresó a la ciudad, donde había construido su palacio episcopal en la calle Gobernador, pero murió cuatro años más tarde, en 1814.

Igual que habían desaparecido las epidemias también desaparecieron los franceses, pero tras su partida entró en la ciudad una nueva plaga, más sutil, la guerrilla.

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Convento de San Pascual de Vila-real donde ingresó como religioso el guerrillero Ascensio Nebot

Un guerrillero de Nules, fraile de San Pascual de Villarreal

Con el abandono de las tierras castellonenses por parte de los franceses, el 8 de julio de 1813 llegó a la capital el guerrillero Nebot acompañado de sus tropas. Después de recibir una fuerte suma de dinero para el sostenimiento de la guerrilla, proclamó la Constitución, restituyendo las autoridades municipales como estaban antes de la invasión francesa.

Fray Ascensio Nebot, llamado popularmente “el frare”, fue el más famoso de los guerrilleros valencianos. Era de Nules y había profesado como religioso franciscano alcantarino en el convento de San Pascual de Vila-real, del que huyó cuando estalló la guerra contra Francia, uniéndose a las guerrillas que operaban por el interior castellonense.

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El Rey Fernando VII. Museo del Prado

La proclamación de Fernando VII

El Sexenio que va de 1814, año en que muere el obispo Salinas, hasta 1820 son años de estancamiento económico y descenso de precios, agravados por los avatares de la política nacional, porque con el final de la guerra del francés y el retorno de Fernando VII a España en 1814 se restableció el absolutismo borbónico. Las nuevas autoridades no escatimaron esfuerzos para celebrar grandes fiestas en las principales ciudades por el retorno del monarca. Las celebradas en nuestra capital contaron incluso con la presencia de la imagen de la Virgen del Lledó, que una vez más fue trasladada desde su santuario. El acontecimiento no era para menos, más aún cuando tras la división en provincias, que se decretó en 1821, Castelló pasaba a ser la tercera provincia del antiguo Reino de Valencia, en detrimento de Segorbe, creándose la Diputación Provincial, que iniciaba sus sesiones el día 16 de mayo de 1822, siendo gobernador Diego Medrano.

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Cédula de la Junta de Salud Pública. Archivo Basílica del Lledó

Una cedula de la Junta de Salud Pública

Durante esos años existía en la ciudad la llamada “Junta de salud pública de la Villa de Castellón de la Plana”. Su finalidad era otorgar salvoconductos, de manera especial a las embarcaciones que llegaban al Puerto del Grau, asegurando que la sanidad en la ciudad era buena y sin riesgo de contagio. Las cedulas de sanidad, una de las cuales se guarda en el archivo de la Basílica del Lledó, aparecían ilustradas con un grabado muy significativo, con la Virgen del Lledó y los dos santos abogados contra las pestes y epidemias, San Cristóbal y San Roque.

La cedula que guarda la Basílica aparece expedida el 8 de enero de 1829 para un palangre procedente del puerto de Vinarós propiedad de José Cabasa, con seis tripulantes y un cargamento de varios cahices de harina, judías y maíz. El documento certifica textualmente que “ porque gracias a Dios, la salud es muy buena en esta Villa de Castellón, sin ninguna sospecha de pestes ni de otras enfermedades contagiosas, de las cuales nos guardamos por medio de las precauciones mas rigurosas, suplicamos a todos los Gobernadores, Corregidores, Comandantes y cualesquiera otras autoridades les dejen navegar libremente, ir, volver, detenerse y negociar sin ponerles ni permitir se les ponga impedimento alguno”

Foto 4La Virgen del Lledó, San Cristóbal y San Roque. Grabado de la Cédula de Salud

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Cédula de la Junta de Salud Pública. Archivo Basílica del Lledó

Epidemia de cólera y traslado de la Virgen.

El verano de 1854 iba a ser muy pródigo en acontecimientos. La situación política nacional nada estable se agravó con la invasión del terrible cólera morbo asiático, que tuvo sus inicios en la ciudad de Alicante, transmitiéndose rápidamente por las malas condiciones climáticas. En agosto, asentado ya el nuevo Gobierno con el que comenzaría el periodo llamado progresista, al mando de Espartero, el clima en la ciudad resultaba asfixiante, tanto por la temperatura como por el ambiente enrarecido ante tan malos y desoladores augurios. El 5 de octubre se produjo el primer muerto por “cólera fulminante” y a partir de ese día las bajas se sucedieron sin interrupción, hasta el día 15 del mismo mes cuando alcanzan la cifra de veinte. La epidemia remitió progresivamente, dándose por extinguida el 21 de noviembre. El Ayuntamiento, en acción de gracias, acordó trasladar a la ciudad, el domingo día 26 de aquel mes, la imagen de la Virgen del Lledó.

Foto 6 okAyuntamiento de Castellón en el siglo XIX

A las ocho de la mañana salió de la casa Consistorial una larga comitiva integrada por la propia Corporación Municipal, la Diputación Provincial y el gobernador civil, que trasladándose hasta la iglesia de la Sangre, en la plaza de María Agustina, esperó la llegada de la santa imagen que venia en la tartana de Bautista Michavila. La procesión con la Virgen discurrió hasta la iglesia de Santa María por la calle Mayor, plaza de la Nieve, y calle de Zapateros (Colón), entrando en el templo por la puerta principal. En la iglesia-madre de la ciudad, rebosantes las amplias naves góticas de fieles, se celebró una misa solemne de acción de gracias, cantada a toda orquesta y con sermón.

Foto 7 (2)La Virgen en el siglo XIX era conducida a la ciudad en tartana

CASTELLON DE LA PLANA

Detalle de la puerta gótica de Santa María de la plaza de la Hierba antes de 1936

Por la tarde, a las dos y media y después de haber cantado las Vísperas, salió la procesión general con la imagen de la patrona, acompañada de las imágenes de san Cristóbal, san Roque, el arcángel san Miguel y las banderas de los gremios, que tras recorrer el itinerario de la procesión del Corpus retornó al templo donde se cantó una Salve. Esa noche hubo iluminación general, vuelo de campanas y serenatas. La jornada del lunes día 27 se reservó para orar por los difuntos de la epidemia de cólera. La imagen de la Virgen retornó de nuevo a su santuario con idéntico medio, la tartana de Bautista Michavila el día 2 de diciembre, pagándose 20 reales de vellón” por el alquiler de la tartana para llevar la Virgen y devolverla”.

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