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La Virgen del Lledó y las epidemias. Capítulo 18. El cólera morbo de 1885 (I)

Por Josep Miquel Francés, prior de Lledó

Las celebraciones de la fiesta de Lledó de 1877, estuvieron marcadas por una climatología muy adversa. La procesión del domingo 2 de septiembre de aquel año tuvo que discurrir por el interior del santuario, a causa de las fuertes lluvias que azotaban durante varias semanas toda la comarca. El mal tiempo se repitió durante aquellos años en numerosas ocasiones. La primavera de 1884 fue especialmente catastrófica para la ciudad. Desde el día 20 de marzo se sucedieron en la zona del Mediterráneo fuertes lluvias torrenciales que provocaron numerosas inundaciones, acompañadas de vientos huracanados y tormentas. El día primero de junio de aquel año el arcipreste de Santa María convocó una rogativa al santuario, para pedir a la Virgen del Lledó una mayor bonanza en el tiempo. “A las cuatro de la tarde”, expresa la Crónica, “salió de la Iglesia Mayor en procesión el clero, acompañado de un gran concurso de gentes y cantando las letanías dirigiéronse al ermitorio de la Virgen del Lledó, en donde pronunció el Sr. Cura un sermón y se cantó una Salve y los Gozos de la Virgen, regresando después en la misma forma a la Iglesia Mayor[1].

Foto 1.

Basílica del Lledó con lluvia

Origen del cólera morbo

Las poblaciones de La Plana padecieron en el siglo XIX tres epidemias de cólera importantes. De las dos primeras hemos dejado constancia en capítulos anteriores. La primera de ellas en 1834 y la segunda en 1855 (Ver Cap. 15). Nos ocupamos ahora de la tercera, la de 1885, tal vez la más grave y con mayor número de muertos.

Su origen parece estar en buena medida en la contaminación de las aguas del subsuelo que filtraban de los pozos ciegos. Para paliar este problema y otras prácticas poco higiénicas, como arrojar aguas sucias a la calle o elaborar estiércol en los patios de las casas, los Ayuntamientos dictaron algunas disposiciones o bandos, como el de 1871 o el Reglamento de Higiene Municipal de 1908, para prohibir e inspeccionar su cumplimiento.  También se exigía la construcción de depósitos de letrinas en las casas, y como llevar a cabo la evacuación de estos depósitos, de los pozos negros y de la acumulación del estiércol de las cuadras.

Foto 2. Casa del siglo XIX en Castellon

Una casa del Castellón del siglo XIX en el casco antiguo de la capital

Síntomas del colero morbo

El cólera es una enfermedad diarreica que se manifiesta como una infección intestinal. La enfermedad tomó el nombre del griego, “flujo de bilis”, que indica la infección de las vías digestivas del cuerpo humano. “Morir de cólera era una de las experiencias más siniestras que una enfermedad podía infligir al ser humano. Personas relativamente saludables caían de golpe mientras realizaban sus tareas, como si recibieran un martillazo en la cabeza. El shock inicial era seguido por vómitos y descontroladas deposiciones acuosas que dejaban el cuerpo sin fluidos. Cuando la deshidratación alcanzaba una etapa crítica, los calambres estrujaban cada músculo del cuerpo y las víctimas se retorcían aullando de dolor. Gente sana y joven por la mañana, al anochecer aparecían como guiñapos de tez azulada y oscura, ojos hundidos y dientes salientes. Peor aún, hasta el final, la víctima podía estar consciente de las cosas terribles que le sucedían a su cuerpo sucio y deshidratado, pero la degradación física no cesaba con la muerte. Las piernas y brazos seguían agitándose un par de horas, una vez que se había extinguido el espíritu de la vida, induciendo a los familiares a esperar que el cadáver no estuviera muerto”.[2]

 

Foto 3. Burriana (2)

Burriana. Plaza y ermita de Sant Blai

Foto 6. Bechi

Palacio renacentista de Betxí

Foto 5 (2)Plaza Mayor de Vila-real

La epidemia colérica de 1885 en La Plana

En 1884 el cólera se extendió por las provincias de Alicante y Valencia, sin que se tuviera noticia de que llegara a la de Castellón. Sin embargo, cuando comenzaban los rigores veraniegos de 1885, invadió la cuenca del Palancia y llegó a la Plana, causando terribles estragos entre los habitantes de Nules, Burriana, Vila-real, Betxí y la Vilavella. La Guardia Civil y algunos vecinos se encargaron de acordonar las principales poblaciones, con el fin de evitar la entrada de quienes se hubieran contagiado de la terrible enfermedad. En Castellón se tomaron enérgicas medidas sanitarias para evitar que la epidemia se extendiera; entre ellas, se estableció un lazareto en la casa prioral del Santuario de Lledó.

Foto 9 ok

Como en todas las epidemias, la Casa Prioral de Lledó fu convertida en hospital de apestados

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Almacén de naranja en Castellón. Por sus dimensiones eran utilizados como hospitales temporales para los apestados

Los primeros contagios

El primer caso de contagio se presentó los primeros días de junio en la calle de Falcó. Se trataba de una vendedora de pescado, contagiada durante su estancia en Villarreal. Al sentirse indispuesta regresó a su domicilio y, aquella misma noche, falleció su marido y una de sus nietas. Los días siguientes continuaron presentándose nuevos casos de afectados, sobre todo entre los enfermos del Hospital Provincial. El doctor Roig, su director, aisló el edificio y gracias a esta medida se logró extinguir momentáneamente el importante foco. Mientras tanto las autoridades locales lograron finalizar los centros hospitalarios destinados a los enfermos afectados por el cólera. Uno de ellos fue establecido por el Ayuntamiento, como se ha indicado en la casa prioral de Lledó. Un segundo, habilitado por la Diputación en un espacioso almacén situado en las inmediaciones de la carretera de l’Alcora, próximo a un tercero que había sido dispuesto por las autoridades militares.

Cuando se tenían noticias de algún caso, se colocaba un centinela en la puerta de la vivienda del enfermo y si se producía el fallecimiento se quemaban todas sus pertenencias. El alcalde de la capital, como el de otros ayuntamientos de La Plana publicó bandos para anunciar la dotación de recursos económicos destinados a los tratamientos de la enfermedad y también a la provisión de alimentos a las personas que los necesitaran. En los porches del Ayuntamiento se instaló una cocina en la que se elaboraba caldo de gallina para alimentar a las familias más necesitadas. Se crearon brigadas de desinfección que colaboraban con la Guardia Civil y los soldados en la vigilancia y aislamiento de las casas donde habitaban infectados.[3]

Foto 11.

Ermita de San Isidro y San Pedro de Censal. Castellón. Por sus dimensiones fue utilizada en ocasiones par albergar enfermos o presos

El cólera llegó hasta el interior de la cárcel. Por este motivo el 17 de julio trasladaron a sus cuarenta y dos presos hasta la ermita de San Isidro, quedando en la cárcel los veintidós de condena mas grave

Foto 12En los bajos del Ayuntamiento se instalaron cocinas para el suministro de los apestados

Foto 15. LlucenaPlaza Mayor e Iglesia parroquial de Lucena del Cid

El cólera alcanza a toda la Provincia

A pesar de todos los esfuerzos la epidemia seguía avanzando y desde las poblaciones de la Plana se trasladó hasta Alcalá, Benicarló, Peñíscola, Vinaròs, Borriol, la Pobla Tornesa, Cabanes, l’Alcora y Llucena, mientras que desde Aragón descendió hasta los pueblos del Maestrazgo, cebándose, sobre todo, en Morella. En la capital de la Plana se agotaron los recursos del Ayuntamiento y los mayores contribuyentes fueron convocados para que, cada uno de ellos, abonara la cantidad de cien pesetas anuales. Al mismo tiempo, todos los empleados públicos contribuyeron con un día de haber. Con las cantidades obtenidas se instalaron nuevas cocinas en el arrabal de San Félix y en el de la Trinidad.

El día 31 de julio de 1885 fue el día que más casos se produjeron. Más de veinte castellonenses fueron infectados por el cólera y se produjeron trece defunciones. A partir del primero de agosto, la epidemia disminuyó notablemente y el día 21 de octubre ocurrieron los dos últimos fallecimientos. El cólera produjo en Castellón, durante aquel verano, 301 defunciones y en toda la provincia, más de 6.351 personas fallecieron víctimas de la enfermedad. En la provincia llegaron a contagiarse un total de 16.804

 

[1] AMC. Llibre Vert, fol. 350 v. -351 v.

[2] ALQUEZAR PENON, Javier. “El cólera de 1885”.

[3] BALBAS CRUZ, Juan Antonio: “El libro de la Provincia de Castellón”. Castellón (1892), pág 638 y ss.

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