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La Virgen del Lledó y las epidemias. Capítulo 20. La epidemia del siglo XX. La cucaracha

Por Josep Miquel Francés, prior de Lledó

Fue la mayor catástrofe del siglo XX. Entre los años 1.918-1919 se extendió a nivel mundial una pandemia de gripe impropiamente denominada “gripe española”. En Castellón se bautizó con el nombre de la Cucaracha. Fue una auténtica pesadilla. Eran los años de la Primera Guerra Mundial. El constante movimiento de tropas contribuyó a su expansión y también a bautizarla como gripe española de 1918. El hecho de que España fuera neutral en la guerra hizo que aquí se publicase información sobre una epidemia, que adoptó finalmente ese nombre. Quienes han investigado aquella pandemia aseguran que el virus llegó a España desde Francia y lo hizo a través de los cientos de jornaleros españoles y portugueses, que en aquellos tiempos se desplazaban al país vecino para cubrir la mano de obra vacante ocasionada por la guerra europea.

La primera oleada de la enfermedad, que acabó con la vida de 50 millones de personas en todo el planeta, fue en la primavera de 1918. La segunda oleada a a partir del verano fue la más letal. En otoño la enfermedad se convirtió en una verdadera epidemia que afectó en Castellón a 68.000 personas, el 20% de la población de una provincia que por aquellos años contaba con 330.000 habitantes, muriendo más de 2000. La capital contaba entonces con unos 32.000 vecinos.

Foto 1El paseo Ribalta de Castellón antes de la pandemia

Las primeras referencias sobre la epidemia de gripe, que por estas tierras fue conocida con el nombre de “La cucaracha”, porque decían que se desarrollaba y extendía como este insecto, aparecen en el “Heraldo de Castellón” a partir del mes de agosto de 1918, con unos casos ocurridos en Les Alqueries[1]. Pero lo peor en la provincia llegaría a finales del mes de septiembre. El Heraldo” informaba por aquellos días que en municipios como Torreblanca « el 95% de sus vecinos estaba contagiado por la gripe», mientras que en Forcall llegaron a contabilizarse 2.271 enfermos, incluidos los dos médicos. En el Monasterio de los padres Carmelitas del Desierto de les Palmas, los 14 frailes de la comunidad resultaron afectados por el virus. En el Convento de Monjas Capuchinas de Castellón, murió una religiosa al inicio de la epidemia, pero otras catorce religiosas también fueron infectadas por el virus. En Almassora se contabilizaron más de 1.000 enfermos.

Foto 2Iglesia parroquial de Almassora en 1919

Llegado el mes de octubre, la Junta Provincial de Sanidad solicitaba al Obispo de la Diócesis que ordenase a los párrocos de todas las parroquias la adopción de medidas higiénicas, ante la pandemia que se avecinaba[2]. Pocos días más tarde el Obispo publicaba una circular ordenando que las ventanas de todos los templos permaneciesen abiertas, y que se barriesen las naves de las iglesias dos o tres veces al día, indicando asimismo que durante la misa se rezara la oración ad vitandam mortalitatem[3]. El cura de Santa María de Castellón mossén Soriano, incluso antes de publicar las disposiciones episcopales, ya había dictado normas en el sentido de renovar frecuentemente el agua bendita de las pilas. La epidemia fue declarada oficialmente el 14 de octubre de 1918. En Valencia, el arzobispo don Salvador Barreda y el Cabildo Metropolitano de la catedral, dispusieron rogativas “para que cese la epidemia”.

Foto 3El santuario de Lledó en tiempos de la epidemia de gripe

Foto 4

Padres capuchinos de Castellón en una procesión de rogativas

Rogativas en el Santuario de Lledó

En Castellón, como reseñaba el periódico el “Heraldo”, las rogativas se celebraron en el Santuario de la Patrona, la Mare de Déu del Lledó. “Se han celebrado en el santuario de Lidón solemnes cultos para impetrar de la Virgen la salud sobre la epidemia reinante. La concurrencia ha sido verdaderamente extraordinaria. El Dr. Ibáñez Rizo, con su peculiar elocuencia, ha pronunciado sentida plática, alusiva al piadoso acto que se estaba celebrando. Mañana se repetirán en el santuario de nuestra patrona los mismos actos que hoy. La Salve se cantara a la cuatro menos cuarto, a expensas de doña Inés Fandos de Alcón”[4]. El doctor Rizo era Chantre de la Catedral Basílica de Palma de Mallorca, capellán de Honor y predicador de la casa real.

Esta fue la única epidemia de la historia en que la imagen de la Virgen no fue conducida a la ciudad, porque una vez construido en 1900 el llamado camino-paseo, era más fácil la llegada al santuario desde la capital. Por este motivo se sucedieron las rogativas en el templo patronal. Los ultimos días de octubre, y ante el avance de la epidemia se renovaron las oraciones en Lledó: “ Mañana a la cuatro de la tarde en el ermitorio de la Virgen del Lidón, se cantará Salve de rogativas para impetrar de nuestra excelsa Patrona la terminación de la epidemia reinante”[5].La rogativa fue costeada por doña Antonio Pascual de Felip. El domingo siguiente se renovaron las rogativas en Lledó por la generosidad de don Adrián Huguet.

Foto 5 okTemplete de la fiesta de la Purísima en Vila-real a principios del siglo XX

La epidemia en Vila-real

Si en octubre de 1918 hubo días en los que en la capital murieron hasta una veintena de personas, en Vila-real, la Cucaracha también dejó un reguero de dolor. El Ayuntamiento de esta ciudad, mediante pregón a toque de corneta, acordó prohibir la visita al cementerio el día de Todos los Santos[6]. Desde principios de agosto a finales de diciembre, murieron 102 personas a consecuencia de la gripe. El municipio tenía entonces unos 16.000 habitantes. Los fallecidos eran trasladados directamente al cementerio desde la casa del difunto, sin pasar por la iglesia para evitar el contagio. El cortejo fúnebre se reducía al féretro conducido a hombros, con algunos pocos familiares. Al declararse la epidemia el cura de la parroquia ordenó llevar a la Arciprestal la imagen de la capilla de la calle San Roque[7]. En el pleno municipal del 12 de octubre se acordó la construcción de 40 nuevos nichos en el cementerio y quince días más tarde se aprobaba ampliar terrenos para cavar nuevas fosas. Muchos habitantes de la villa se marcharon al masset para evitar el contagio de un virus, que contribuyó a que la población de Villarreal decreciera en 1.500 personas en cuatro años.

Foto 6 okHistórica fotografía con personajes importantes de la Plana. De pie: Escultor Viciano / Juan Colón / Francisco Tárrega / Carlos Colón / Puig Roda. Sentados: Mariano Benlliure / Tomás Colón / Ruperto Chapí

La epidemia en La Plana

En Burriana hubo tantas víctimas que las campanas dejaron de tocar a muertos para no crear más alarma, entre una población que ya no se atrevía salir a la calle por miedo al contagio Afirma el historiador Francisco Roca que “tal era el silencio reinante y escasos transeúntes por las calles, pues que en todas las casas había enfermos de más o menos gravedad, y en alguna de ellas todos los miembros de la familia se encontraban atacados del epidémico mal” [8]. En Almenara se contabilizaron 18 defunciones, según un estudio de la investigadora local Lara Cardona.

En Bechi la Junta de Sanidad estableció dos lugares para aislar a los contagiados. Para los hombres el local de la Sociedad de Riegos “La Prosperidad”, fuera de la población y para las mujeres la ermita de San Antonio, La epidemia acabó con la vida de treinta y tres vecinos.[9]

Foto 7Parroquia de la Sagrada Familia de Castellón los primeros años del siglo XX

En todos los municipios de La Plana, no era raro ver a alguien que no fuesen de luto. No había familia sin enfermos y los muertos se contaban por decenas. Aquel año, en cualquier pueblo de la provincia, los caminos que conducían a los cementerios eran las calles más transitadas. Un ir y venir de lágrimas y cortejos fúnebres. El virus azotó otros municipios como Segorbe, Zucaina, Xert, Sant Mateu o Vinaròs y tan solo tres localidades de la provincia quedaron inmunes, según declaró a los periódicos de la época del doctor José Clará Piñol.

Foto 8.El Dr. Clará con un grupo de enfermeras del Hospital Provincial

El doctor José Clará Piñol

Los periódicos de la época, sobretodo “Heraldo de Castellón”, recogían cada día las informaciones y recomendaciones que ofrecían las autoridades sanitarias. Hay un personaje clave en esta epidemia en Castellón. Fue el doctor José Clará Piñol. Natural de Torreblanca, Clará era el inspector provincial de Sanidad y puntualmente iba transmitiendo a los periodistas cómo evolucionaba la enfermedad en la provincia. El médico visitó todos los pueblos afectados, indicando diariamente cuáles debían ser los pasos a seguir por la población, con tal de evitar nuevos contagios. El doctor Clará, director aquellos años del Hospital Provincial insistió en varias ocasiones en la necesidad de evitar darse la mano al saludar y en extremar las medidas de higiene. Durante la epidemia de 1918 el centro de mando en la provincia estuvo precisamente es este centro hospitalario, construido en la avenida que hoy lleva su nombre.

Al margen de la mortalidad, la epidemia tuvo un efecto brutal en la actividad cotidiana de los habitantes de la provincia. En los pueblos contaminados se prohibieron las fiestas y los espectáculos, así como la celebración de ferias y mercados y la visita anual a los cementerios. “El Heraldo” en efecto informa de la prohibición de todas las “manifestaciones públicas en lugares confinados, donde puedan multiplicarse las causas de contagio, así como la celebración de ferias, mercados que puedan relacionar unos pueblos con otros, que puedan facilitar la propagación de la epidemia”.

Foto 9Grupo de niños y jóvenes con el P. José de Tabernes

La apertura del curso académico 1918-1919 se retrasó en todos los centros docentes “debiendo incrementarse las precauciones para evitar mayores estragos, imponiéndose, entre otras medidas, la higienización de las posadas y cuadras de ganado de todas clases, vigilancia de los solares vallados y desinfección constante de los centros de reunión”.

La gripe de 1918 se cebó especialmente con los jóvenes. Por eso, los periódicos de la época estaban repletos de esquelas de hombres y mujeres de entre 20 y 40 años y de toda condición social. Hasta el rey Alfonso XIII acabó contagiado. En una provincia asolada por la pandemia infecciosa y con muy pocos medios sanitarios, la población se protegía como buenamente podía. «Los periódicos recogían las prácticas que empleaban los vecinos para combatir y evitar la gripe y esas prácticas pasaban por beber caña y ron hasta caer borrachos perdidos, quemar azúcar o lavarse y beber vinagre»[10]

Foto 10

Jóvenes y ancianos con un padre capuchino y religiosas

La presencia de la Iglesia en la epidemia

Admirable fue la presencia de la iglesia durante toda la epidemia. El obispo de la diócesis “afligido por los estragos que causa la epidemia reinante” llamo a los sacerdotes para decirles que mientras hubiesen recursos en el palacio episcopal, no permitiría que los enfermos pobres carecieran de alimentos o ropa de cama ni de medicinas. Para cumplir el encargo, los párrocos y sus vicarios visitaban continuamente las casas de los atacados pobres, para auxiliarles en sus necesidades, un gesto muy agradecido por el vecindario[11]

En noviembre, pocas semanas antes de dar por finalizada la epidemia, el alcalde de Castellón José Forcada, ofreció bonos de comida, tanto al Asilo de Ancianos Desamparados como al Colegio de niños huérfanos de San Vicente Ferrer fundado por el Obispo Climent, “pues la mayoría de cobijados en aquellas casas están enfermos”[12]. Las religiosas llegaron hasta el sacrificio de privarse de sus propios alimentos, para que no les faltase a los ancianos ni a los niños asilados.

La pesadilla acabó a finales del mes de noviembre de 1918, con algunos rebrotes posteriores, cuando el Gobierno Civil de la provincia dio por acabada la epidemia. Un punto y final que coincidió en el tiempo con otra tragedia: el incendio del cine La Paz de Castellón, que causó 22 muertos.

 

[1] ESCRIG, José María, BORONAT, Pilar, NAVARRO, María Soledad: “La Cucaracha”. Universitat per a majors. UJI. Castellón (2009)

[2] “Heraldo de Castellón”. 9 de Octubre de 1918

[3] “Heraldo de Castellón”, 11 de Octubre de 1918

[4] “Heraldo de Castellón”. 19 de Octubre de 1918

[5] “Heraldo de Castellón”, 25 de Octubre de 1919

[6] PATUEL CHUST, Pascual. ”La cucaracha. La epidemia de grip de 1918”. Rev “Cadafal”. Villarreal (1981)

[7] JUAN NEBOT, Manuel: Villarreal siglo XX. “La gripe maligna de 1918”. Villarreal (1985) pág 131

[8] ROCA ALCAYDE, Francisco: “Historia de Burriana”. Castellón (1932) pág 525

[9] NEBOT GARCIA, Ferran: “La cucaratxa de 1918-1919 a Betxi. Mortalitat i epidemies a principis del segle XX”. En V Vila de Betxi.(2005) pág 87 y ss.

[10] “Heraldo de Castellón”. 4 de Octubre de 1918

[11] “Heraldo de Castellón” 23 de octubre de 1918

[12] “Heraldo de Castellón” 2 de Noviembre de 1918

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