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Misa en el aniversario de la muerte del Prior de la Coronación, mossén Manuel Pascual Pérez

Se cumplieron el pasado domingo, 13 de noviembre noventa y un años de la muerte de unos de los grandes priores de Lledó del siglo XX, cuando apenas contaba cincuenta años de edad.

Mossén Manuel Pascual Pérez fue el prior de la declaración de la Virgen como Patrona de la Ciudad y de su Coronación Pontificia y Canónica.

La Eucaristía fue presidida por el Prior de Lledó mossén Josep Miquel Francés, quien en la monición de entrada recordó  brevemente su biografía y contribución a incrementar la devoción por Nuestra Señora del Lledó.

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Mossén Manuel Pascual Pérez (Prior, 1897-1925)

Ya en nuestro siglo, tres grandes “priors de Lledó” llenan con su amor a la Virgen y sus actividades en el santuario buena parte de nuestra historia más reciente. El primero de ellos fue aquel famoso mossén Manuel Pascual Pérez, conocido popular y cariñosamente como “mossén Mirona”, nombre de la familia de los “pascual”. En el verano de 1897 fallecía el prior del Lledó, mossén Jaume Pachés Andreu, dejando vacante el priorato. Entre todos los sacerdotes castellonenses con posibilidades de ocupar el cargo, el Ayuntamiento se decidió unánimemente por mossén Manuel Pascual.

Era este un hombre de complexión fuerte, nacido en 1875 en una acomodada familia de labradores. La madre murió apenas venir al mundo Manuel, el primero y único de los hijos. Después de sus primeros estudios en el Instituto Provincial, donde obtuvo el grado de Bachiller en Artes, se matriculó en la Universidad Pontificia de Valencia, donde también había estudiado el prior Cardona Vives. Posteriormente, y para recibir las órdenes mayores, se trasladó al seminario diocesano de Tortosa, celebrando su primera misa el 20 de junio de 1896.

Apenas un año más tarde, el 10 de septiembre de 1897, en sesión plenaria presidida por el alcalde Joaquín Peris, el Ayuntamiento le nombró prior cuando apenas contaba veintidós años de edad, confiándole como era costumbre la custodia de las alhajas, ropas y demás objetos de la imagen de la Virgen. El nombramiento oficial se había realizado el día de la fiesta principal, ese año el 5 de septiembre, al finalizar la procesión en el santuario.

Hijo de familia muy arraigada, ampliamente conocida y estimada en Castelló, mossén Mirona era ya un sacerdote muy popular y acreditado como orador sagrado. Su ascensión a este priorato, de tantísima importancia en el Castelló de entonces, se estimó como anuncio de una importante labor.

Aparte del cargo de prior del santuario, mossén Mirona fue nombrado profesor de religión del Instituto de Enseñanza Media y de la Escuela Normal. También fue confesor del Real Convento de Monjas Capuchinas y capellán del colegio de las Madres Carmelitas del Corazón de Jesús, vulgarmente llamado de las “cuatro esquinas”, por encontrarse en la confluencia de las calles Colón y Enmedio.

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Coronación de la Virgen del Lledó. Oleo sobre lienzo. 2014. Basilica del Lledó. El prior Mossén Manuel Pascual junto a la imagen de la Virgen en el momento de su coronación

Un prior reformador y promotor.

En los primeros años de su priorato su esfuerzo se volcó en hacer realidad un deseo, ampliamente sentido por los castellonenses, como era el camino-paseo,  que se inició con la donación de los terrenos necesarios por parte de la Condesa de Pestagua. Tras establecer y consolidar la devoción del canto de la Salve cada sábado al atardecer, y el rezo de la Sabatina con motivo de la epidemia de la “cucaracha” de 1918, sus esfuerzos se centraron en la restauración del altar mayor, colocándole una vistosa barandilla de mármol.    Las obras alcanzaron también al antiguo camarín, con sus escaleras de acceso rebosantes de exvotos o “presentalles”, que desde tiempo inmemorial cubrían sus muros como reconocido agradecimiento por favores alcanzados por intercesión de Nuestra Señora.

La decoración del camarín de la Virgen, obra de artistas valencianos, contó con la colaboración de pintores castellonenses de la talla de Castell, Aliaga, José Simón y otros, con temas tan sobresalientes como la presentación al Papa de las preces suplicatorias del patronazgo oficial sobre la ciudad y la coronación de la Virgen, de manos del cardenal Vidal i Barraquer.

Durante su priorato se pavimentó totalmente el suelo del santuario con las aportaciones de los fieles. Cuando se acabaron las limosnas, el prior, dueño de una buena fortuna, se deshizo de un huerto de naranjos de cinco o seis hanegadas, obteniendo con su venta los fondos necesarios para su finalización. Con estos nuevos recursos, Severino Dolz, encargado de la misma, pagó toda la obra, liquidando la operación.

Pero no acabaron aquí los proyectos y las iniciativas de este singular prior. El monumental órgano de voces humanas, regalo de Adrián Huguet, los ángeles músicos que adornaban las pilastras del templo, obra del escultor Manuel Carrasco, y las nuevas andas procesiones que hizo el escultor Tomás Viciano en 1900, fueron algunas de sus grandes realizaciones materiales.

Ni la grave enfermedad sufrida en 1919, que quebrantó mucho sus facultades físicas, fue capaz doblegar su tenacidad invencible. En 1923, cuando Pío XI proclamó a la Virgen de Lledó como patrona, el prior se encontraba gravemente enfermo, pero tras su recuperación, aún pudo organizar y colaborar en las grandes solemnidades de la coronación pontificia y canónica de 1924. El fue quien estableció la conmemoración anual de la coronación, cada cuatro de mayo, y quién impulsó la generosidad de cuantos hicieron posible que la plazoleta se ampliara, en mayo del año siguiente, quedando exento el edificio del santuario y la casa Prioral. Todavía en junio de 1925 estuvo presente en la inauguración de la placa conmemorativa de la coronación, colocada en la fachada del santuario, pero su salud se consumía inexorablemente y falleció el 13 de noviembre de aquel año, cuando contaba 50 años de edad y 28 como prior.

El 25 de febrero de 1926, tres meses después de su fallecimiento, sus albaceas presentaron al Ayuntamiento el inventario con los bienes, ropas,  joyas y alhajas de la Virgen, que obraban en su poder. La imagen disponía entonces, a parte del manto de la coronación que se cita, de otros doce mantos y numerosas alhajas.

(Francés Camús, Josep Miquel. “Historia de la Basílica del Lledó” (1999)

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